Avui les dones son les protagonistes principals, malauradament l’assassinat d’ETA i la jornada de reflexió s’imposen al protagonisme que tindrien que tenir avui les dones.
Deixo un reportatge publicat l'any 2001 que ens explica el dia a dia de la vida de gran part de les dones africanes, dones abandonades, amb imposicions absurdes i sense cap llei que les empara.
JOHANNA McGEARY - El País - 11 febrer de 2001
La trabajadora con la que estamos dirige el coche hacia un campo lleno de caña que bordea los distritos orientales de Bulawayo, en Zimbabue. No quiere que los vecinos vean que la entrevistamos. Tiene miedo de que su familia averigüe que es una prostituta, así que vamos a llamarla Thandiwe. Tenía un aspecto limpio y arreglado con su vestido verde a media pierna, mientras esperaba a los clientes junto al número 109 de Tongogaro Street, en el centro de la ciudad. Igual que todas las demás mujeres, docenas de ellas, que ocupan las esquinas de la ciudad: no se ve una minifalda, un sujetador ni un ombligo al aire. En muchos aspectos, Zimbabue es una sociedad limpia y arreglada que mira con desaprobación la comercialización del sexo y la exhibición pública de demasiada carne.
Ello no impide que Thandiwe se gane la vida de esta forma mucho mejor que si hiciera un trabajo honrado. En paro y desesperada, entró ilegalmente en Suráfrica en 1992. Limpió suelos en un restaurante de Johanesburgo, donde conoció a un cocinero de la misma ciudad que ella, que también era ilegal. Tuvieron dos hijas y se casaron; a él le mataron a tiros una noche, en el trabajo.
Llevó su cuerpo a casa para enterrarlo y fue enviada a vivir con su familia política para que la limpiaran. Esta costumbre, muy extendida, otorga al hermano del difunto el derecho e incluso el deber de acostarse con la viuda. Thandiwe dio negativo en las pruebas del sida en 1998, pero, si hubiera dado positivo, la limpieza ritual habría servido para propagar la enfermedad. Luego, sus parientes políticos quisieron quedarse con las niñas porque sus hijos habían muerto, y pretendieron que se casara con un viejo tío que vivía en el campo. Huyó.
Al verse sola, Thandiwe se vio invadida por la desesperación. "No podía dejar que mis hijas se murieran de hambre". Se encontró con una vieja amiga del colegio. "Me dijo que era una trabajadora sexual. Me preguntó: '¿Por qué sufrir? Vamos a un sitio en el que podemos ganar dinero rápido". Thandiwe baja la cabeza. "Fui. Tenía miedo. Pero ahora voy todas las noches".
Va a Tongogaro Street, donde están los clientes ricos, con unos cuantos condones en el bolso; llega todas las noches al ponerse el sol y vuelve a casa, de forma religiosa, a las diez, para no tener que pedir un taxi para regresar. Thandiwe le ha dicho a su familia que trabaja en un turno de noche, pero no les ha dicho en qué. "Gano 200 zim por el acto sexual", explica, y más por servicios especiales. Utiliza dos condones por cliente, a veces tres. "Si se niegan, me niego". Pero entonces, a veces, algunos clientes resentidos la pegan. Pasan uno detrás de otro hasta que tiene 1.000 o 1.500 dólares de Zimbabue y puede volver a casa, con más dinero del que pueden ver los vecinos de su barriada, suficiente para comprar un televisor, pijamas de franela para sus niñas y carne para la cena.
"Me avergüenzo", murmura. "Todos los días me pregunto: ¿cuándo dejaré esto? La respuesta es: si pudiera conseguir empleo...". Su voz se desvanece, sin esperanza. "Por ahora, no tengo opción". Como dice el camionero Chikoka, "ofrecen sexo para comer. No tienen ningún hombre; no tienen trabajo; pero tienen hijos y tienen que comer. Dos amigas y colegas de Thandiwe están muriendo de sida, pero ¿qué va a hacer ella? "Sólo puedo confiar en no contagiarme".
Es raro que un hombre sepa si es seropositivo: los varones se niegan a someterse a las pruebas incluso cuando enferman. Y muchos que sospechan que tienen el VIH se aferran a una lógica distorsionada: si ya estoy infectado, puedo acostarme con quien sea, porque ya no puedo volver a atraparlo. Sin embargo, las mujeres son las que desarrollan la enfermedad y se mueren antes, y la causa fundamental no es sólo el sexo, sino el poder. En esta parte del mundo, a las esposas y novias, e incluso a las prostitutas, no les es fácil negarse a una relación sexual tal como la desee el hombre.